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El asesino del lápiz labial

El asesino del lápiz labial 1

Los asesinos seriales los hemos conocido y recordado por razones muy distintas, y usualmente se trata de perversiones o una crueldad extrema, pero a William Heirens se le recuerda por algo muy distinto: Haber implorado por ayuda para ser atrapado y detenido para ya no poder causar más daño, pues se decía incapaz de controlar sus instintos.

El asesino del lápiz labial 2

Cuando William era chico, su familia tuvo problemas económicos muy graves, lo que conllevó a que el pequeño comenzara su vida en el crimen, entrando a robar a las casas de los vecinos y los vecindarios colindantes, usualmente robaba ropa interior de mujer, pero en ocasiones también se apropiaba de objetos de valor. Este comportamiento seguramente se vio influenciado por la actitud problemática que había en casa, con sus padres siempre discutiendo, lo que lo alentaba a salir de allí. A partir de entonces comenzaría a nacer en él una necesidad por la emoción de entrar a casas ajenas a robar.

El asesino del lápiz labial 3

Cruzaría con varios problemas a causa de sus robos y hasta llegaría a ser internado, tanto por sus problemas como por los pocos recursos de los padres. Sería detenido cuando se descubriera que aparte de robar numerosas casas había provocado varios incendios, y esto haría que sus padres por fin le prestaran más atención. A partir de entonces, tal vez por las repercusiones de sus actos, recapacitaría y durante un tiempo no cometería ningún crimen, convirtiéndose a su vez en un buen estudiante. Gracias a esto, William obtendría un lugar en la Universidad de Chicago.

Cuando llegó a la universidad, seguía intentando reformarse, y hasta cierto punto lo logró, pues rápidamente fue reconocido en el plantel por ser un buen bailarín, ser estudioso e inteligente, aparte de ser apuesto, teniendo un par de relaciones que sin embargo, nunca consumaron en lo sexual, aunque su contraparte hubiera accedido. Luego de esto, y tal vez como repercusión a su frustración, ya no pudo contener más sus instintos de atracador, y según sus palabras, sufriendo dolores de cabeza de pura tentación, acabó allanando numerosas casas.

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Algo que marcaría su vida, sería que en la escuela mostraría mucho interés por el club de tiro, teniendo desde entonces armas a su disposición. Hasta entonces, su historia como criminal abarcaba robos y algunos problemas menores, pero muy pronto eso cambiaría radicalmente. Pues en cierta ocasión, entraría a un edificio de apartamentos buscando algo que conocía muy bien: Una puerta entre abierta. La encontró y entró a la casa, parecía estar vacía hasta que llegó a la habitación y encontró a una mujer dormida en la habitación. Lamentablemente para William y para la señora, esta última tenía un perro que apenas vio a William comenzó a ladrar, despertando a la señora y haciendo que él tuviera que actuar de la peor manera. Horas después, cuando la hija de la señora regresara del trabajo, encontraría a su madre muerta en la cama, desnuda y bañada, a pesar de las manchas de sangre en las sábanas y algunas heridas de arma blanca en el cuerpo: Había sido asesinada con apuñalamiento. Pero el asesino había librado de cualquier prueba el lugar y no se obtuvo ni la menor pista, pues sorpresivamente tampoco se habían robado nada

Apenas unos meses después, en otro allanamiento William se toparía con la dueña de la casa justo cuando ella saliera de bañarse, teniendo que apuñalarla igualmente. De nuevo, la desnudó y la aseó antes de marcharse del lugar, la única diferencia en esta ocasión es que William dejó un mensaje escrito con labial para quien la encontrara, diciendo: “Por todos los cielos, captúrenme antes de que mate más, no me puedo controlar”

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Esta frase lo haría famoso por haber sido alguien capaz de aceptar su condición y problema, pero incapaz de luchar contra ello por sí mismo. Pero su mayor crimen apenas vendría, pues después de eso parece haber intentado controlarse nuevamente sin éxito, solo para salir una madrugada y dirigirse casi al azar a un barrio de clase social más alta. En el lugar, luego de merodear un rato encontró que había una ventana en un segundo piso que se encontraba entreabierta, consiguió una pequeña escalera y entró. Lo que encontró era algo que tal vez ni siquiera él hubiera esperado: Una pequeña niña de 7 años. Al escucharlo entrar ella se despertó y antes de que pudiera gritar o avisar a sus padres, William la había tomado con sus manos y la había estrangulado.

Luego de esto se la llevó al sótano de otra casa y para desaparecerla por completo descuartizo su cuerpo e introdujo todo en una bolsa de basura. Regresó a la casa de la pequeña y desde la ventana dejó una nota de secuestro, pidiendo una recompensa a cambio de la niña. La policía desplegó un enorme contingente hasta que encontraron la primera prueba de que no había tal secuestro: La cabeza de la pequeña fue encontrada en las alcantarillas, y conforme pasaron los meses el resto del cuerpo fue siendo encontrado donde mismo, pero en diferentes alturas.

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Sería a causa de otro robo frustrado en que sería descubierto que William sería atrapado. Desde entonces dijo haber sido obligado de declararse culpable por la policía, aunque nadie nunca le creyó. Duró el resto de su vida en prisión hasta que murió en el año del 2012. Cumpliendo su petición de ser atrapado.