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Ilse Koch, la mujer nazi que confeccionó muebles con piel humana

Ilse Koch, la mujer nazi que confeccionó muebles con piel humana 1

Para nadie es desconocido que los nazis fueron y han sido de los grupos más despiadados que han marcado la historia. Como mayor ejemplo están sus campos de concentración, donde muchos judíos serían despojados de todo, hasta de su espíritu y su propia vida. Y dentro de uno de estos, la esposa de un comandante sería una de las pesadillas para los judíos, no solo por su crueldad sino por su sadismo, pues no contenta con que murieran, se divertía torturándolos y, lo que la haría pasar a la historia, arrancándoles trozos de piel para confeccionar lamparas, diarios y otras cosas, así como coleccionar los tatuajes de los judíos, pero no en fotos, sino con los trozos arrancados de su piel.

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La cruel Ilse nacería en septiembre de 1906, y aunque se sabe bastante poco de su vida, se sabe que desde los 15 años ya solía asistir a las reuniones nazis, y que esto la acabaría llevando a hacerse un miembro oficial del partido y con ello conocer a Karl Otto Koch, quien sería su futuro esposo y que la acabaría llevando al campo de concentración donde llevaría a cabo sus atrocidades.

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Al llegar al campo de concentración, ya como esposa del comandante del campo de concentración de Buchenwald, comenzaría a desarrollar (o liberar) su gusto por el sufrimiento ajeno. Al principio se limitaba a pasearse por entre los prisioneros, disfrutando viéndolos como seres inferiores a su merced. Pero pronto no sería suficiente para ella, al parecer, pues comenzó a hacer los mismos paseos, pero con un látigo en mano, siempre listo para hacer sufrir a quien se le apeteciera, pues eran judíos y según su pensamiento, no eran más que objetos.

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Algo curioso es que ella tuviera tanto poder de hacer lo que quisiera, pues en el campo ella no tenía otro puesto más allá que el de la esposa del comandante. Pero el daño que hizo fue grande y la prueba de su influencia se corroboraron con las decenas de testimonios que los prisioneros presentaron en su contra una vez acabada la guerra.

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Con el tiempo su sadismo fue en aumento, y llegó a niveles aterradores, y los prisioneros lo sabían pues al verla pasar suponía lo peor. Si te obligaba a desnudarte podía ser para dos cosas: una la de ser abusados sexualmente sin importar tu sexo, pero eso podría considerarse una bendición a lado de la segunda, pues serías examinado en tu piel, si demostraba ser firme y, lo más raro, tener tatuajes, serías llevado a la cámara de gas inmediatamente para morir y que tu cuerpo pasara a ser propiedad de Ilse y sus aterradores experimentos.

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Entre los “experimentos” realizados por Ilse, se encontrarían la de confeccionar adornos con la piel extraída de los cadáveres, así como de un diario y lo más espeluznante: una lámpara de piel humana. Aparte de esto se encontraba la colección de tatuajes, trozos de piel tatuados que eran conservados así, no se sabe con que motivo, junto a una colección de órganos humanos, que se cree se mantenían como trofeos y demostrar el poder que tenía sobre los prisioneros.

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Sin embargo, las formas que tenía de hacer sufrir eran numerosas, pues no solo eran físicas, aparte de los abusos sexuales se encontraba el bañarse frente a ellos con bañeras llenas de leche o de vino mientras ellos morían de hambre y se divertía azuzando perros contra mujeres embarazadas.

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Gracias a los testimonios de quienes sufrieron en sus manos, al terminar la guerra, en el año de 1947 la mujer fue juzgada por una corte estadounidense donde se le dio cadena perpetua, y sería en prisión donde moriría 20 años después, al suicidarse en su celda ahorcándose con una sábana. Y pese a todo, según cartas que mandaba a su hija, nunca se arrepentiría de lo que hubo hecho.

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Atte. Eddie Doo