La macabra mujer asesina de niños

abril 9, 2018

En la España del principio del siglo XX, hubo un caso que consternó a toda una ciudad, por no decir a toda una nación. De pronto, tanto en los diarios como de boca en boca, se comenzaron a correr rumores acerca de la desaparición de varios niños a mano de alguna persona desconocida y peligrosa. Las autoridades, alarmadas por lo rápido que se extendió el rumor en la ciudad, decidió hacer un comunicado en el que se afirmaba que aquello no era verdadero. Grave error, pues no solo era verdad, sino que detrás de esa historia de secuestro, se encontraba algo muchas veces peor.

La horrenda historia comienza cuando una madre y Teresita, su niña, regresan a su casa, después de la puesta de sol. Y antes de entrar a su hogar, la madre se queda platicando con una vecina en la puerta, de pronto se percata de que Teresita ya no estaba con ella. Dando por hecho que entró a la casa se queda tranquila, pero tan pronto entra su marido le pregunta por la “nena”, alarmados por los rumores gritan y buscan a la niña, pero no la encuentran.

En los periódicos estalla el desastre, la familia publica una fotografía de la pequeña con la esperanza que corra mejor suerte que los demás desaparecidos, ya que ninguno había regresado. Sin embargo, semanas después del incidente, una mujer cree reconocer la cara de la niña en una pequeña rapada que la mira desde la ventana de la casa de una vecina. Ella le comenta a un tendero y así se va el rumor hasta que llega a la policía. Cuando llegan a registrar la casa lo hacen con el pretexto de que se había denunciado que tenía animales dentro de casa, cosa que no era así. Dentro se encontraban Enriqueta Martí y dos pequeñas, una dice llamarse Felicidad y la otra Angelita.

Las tres son llevadas a la comisaria, y ahí comienza el final para Enriqueta y el inicio de una historia espeluznante. La niña rapada, tras un tiempo dice llamarse Teresita, pero que la mujer le cambio el nombre, y que recuerda la noche en que la secuestro, cuando en la distracción de su madre, la mujer la atrajo ofreciéndole dulces, y para cuando se dio cuenta de que se la estaba llevando, la metió a un costal y le tapó la boca. La otra niña, sin embargo, seguía sin decir una palabra, pero fue varios días después, que comenzó a contar todo lo que la otra pequeña no había tenido que ver.

Antes de que Teresita llegara a la casa, según la vecina que había reportado a la niña, decía que vivía en la casa un pequeño que justo cuando fue la policía ya no estaba. Enriqueta se negó a dar información al respecto, pero cuando la pequeña Angelita habló, dijo que había pasado con el pequeño. Ella contó como una noche, sintió como Enriqueta había ido a recoger al niño, se levantó y la siguió hasta la cocina, en donde vio como lo acostó en la mesa y envuelto con una manta, lo mató con un cuchillo.

Pero la peor parte aún estaba por comenzar pues, cuando se entró a la casa para buscar las pruebas (las cuales encontraron) también encontraron huesos pequeños, que parecían corresponder a todos los niños que habían desaparecido en los últimos meses. Y junto a esto listas de personas, que al parecer eran clientes de Enriqueta, y lo peor de todo era que habían dos clases de ellos: los que iban en busca de acostarse con los pequeños, y los que querían su sangre y su grasa para curar enfermedades.

Ninguno menos terrible que el otro. Y de esto se fueron encontrando más pruebas, pues efectivamente había frascos con sangre y grasa, y los huesos encontrados tenían marcas de haber sido puestos en las brasas, proceso utilizado para sacar la grasa.

Al final, convencida de que no iba a salir en libertad, Enriqueta admitió todo, asegurando que era una curandera que trataba la tuberculosis con sangre y grasa de niños (cosa que en aquella época creían). Pero lo más terrible fue que se encontró que en sus registros criminales tenía un cargo de hacía años por prostitución infantil, pero que en su momento no se procesó por que un cliente suyo era un hombre importante. Así que, de cierta forma, de no ser por ese hombre y la locura de Enriqueta, estos últimos niños hubieran podido salir vivos de ahí.

Edy Doo

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