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Nachito jugó conmigo

Esta historia comienza en el Antiguo Hospital Civil de Guadalajara, Jalisco.

Para que puedan entender, les contaré quien es, o más bien, quién fue Nachito.

Éste niño está en el Panteón de Belén, un cementerio que tiene mas de 100 años, en donde hay muchas historias y leyendas de terror, una de ellas es la del nińo Nachito…

La leyenda cuenta que cuando el niño nació, lloraba mucho, los padres no sabían que tenía, así que lo llevaron al pediatra, pero cuando estaban ahí les dijo que el pequeño no tenía nada, así que regresaron a su casa.

Lo raro era que aquel niño sólo lloraba por las noches, como si algo lo atormentara, entonces su madre decidió dejar la luz prendida, hasta que su pequeño pudiera conciliar el sueño, ella notó que en efecto, era la oscuridad lo que el niño tanto temía, así que desde aquel día dejaban velas encendidas toda la noche.

Al cumplir 1 año, hubo mucho viento, por lo que apagó la luz del cuarto de Nachito. A la mañana siguiente, el niño estaba muerto, su madre no podía creerlo, abrazaba fuerte aquel cuerpecito inerte, y la autopsia reveló que había muerto por un infarto.

Lo enterraron en el Panteón de Belén, pero al siguiente día, cuando el vigilante dió su rondín de rutina observó que el cajón de aquel niño estaba fuera de la tumba, con una mano al exterior, el señor muy asustado lo enterró nuevamente y no dijo nada.

Así pasaron 5 días seguidos, sucediendo el mismo evento aterrador, él creyó que era una broma de muy mal gusto, pero era tan recurrente el hecho que decidió hablar con los padres del fallecido.

Su madre rompió en llanto al enterarse, y le contó como había muerto su pequeño, así que decidieron dejar el cajón fuera de su tumba, para que el niño siempre tuviera luz. Desde aquél día Nachito pudo descansar en paz.

A principios de enero del 2006, mi hermano pequeño (Gustavo de 6 años), lloraba y decía que su pancita le dolía, y que ya no podía aguantar más, por lo que inmediatamente mi mamá lo llevó al Antiguo Hospital Civil.

Le dijeron que lo tenían que operar, porque su apéndice se había reventado, mi mamá estaba muy asustada llorando, y mi hermanito le daba ánimos diciéndole que no se preocupara porque todo saldría bien, también le dijo que él tenía un amiguito a un lado que le decía que él lo cuidaría.

Cuando mi hermanito dijo eso, mi madre pensó que hablaba de algún niño de los que también estaban internados.

Lo operaron ‪el 5 de enero‬, gracias a Dios todo salió bien.

Es común que en ese Hospital lleven juguetes a los niños enfermos en el día de Reyes, así que Gus, tenía muchos, y mi mamá dice que se la pasaba platicando y jugando sólo, pero no le daba mucha importancia.

Lo dieron de alta ‪el día 7,‬ y llegó a la casa muy bien, él nos contó que conoció a un niño llamado Nachito, que jugaba con él, y que platicaban todo el tiempo, nosotros no sabíamos quien era “Nachito”, así que no le prestamos importancia.

Pues así pasó el tiempo, y mi hermano se recuperó muy pronto, pero no dejaba de hablar de su amiguito, nos decía que él le había prometido visitarlo para llevarle un chocolate, que era lo que más le gustaba, pero que en el Hospital casi nadie le daba.

Por eso mi hermano le dijo que cuando saliera le llevaría uno, pero él ya no regresó al Hospital.

‪El 14 de febrero de ese mismo año, yo tuve un accidente, y también estuve en ese mismo hospital, sólo duré 3 días, mi mamá y mi hermano fueron por mí. ‬

‪Pasábamos exactamente por el Panteón de Belén, y tenía a mi hermano de la mano, se detuvo justo en frente de la puerta, apuntó una tumba y dijo: “Yo con esa pelota jugaba… esa pelota es de mi amigo Nachito”, yo quedé helada, sentía que la piel se me erizó cuando vi que decía que la tumba pertenecía a “IGNACIO ALTAMIRANO”.‬

El vigilante escuchó a mi hermano y le preguntó: “¿ese niño que con el que jugabas tenía pantalón y camisa blanca de manta?” Mi hermano respondió: “sí, y andaba sin zapatos”, agregó.

El vigilante dijo: “si es Nachito” y nos dejó pasar.

Increíble pero cuando Gus dijo: “Nachito, ven, te traje tu chocolate”. Un reguilete comenzó a dar vueltas sin parar, pero lo más extraño es que no había aire.

El señor dijo: “Nachito te está diciendo gracias”, se acercaron a darle su chocolate y a despedirse.

Cuando estábamos saliendo de ahí, a mi mamá le jalaron del pantalón, y se veía como la tela se estiraba.

El señor le dijo: “Nachito ya te cumplieron, no seas travieso, y deja que se vayan”. Cuando salíamos, nos comentó él, que Nachito siempre se iba a la torre de especialidades a buscar niños con quien jugar. Y mi hermano, fue uno de ellos.

Han pasado 10 años y mi hermano cuenta que en sueños Nachito le habla, y le dice: “¿Quieres jugar conmigo? Yo quiero un chocolatito”.

Marcy Ramos (convocatoria de relatos de terror Edy Doo)