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La llorona de San Pablo del Monte

La llorona de San Pablo del Monte 1

Esta lamentable historia nace en San Pablo del Monte, Tlaxcala, cuando en la época colonial, la mujer más bella del pueblo se enamoró de un hombre muy celoso, con el cual contrajo matrimonio, sin saber que estaba firmando una sentencia de muerte…

La llorona de San Pablo del Monte 2

Conforme pasó el tiempo ella fue madre de unos lindos hijos, a quienes les heredó su belleza, una belleza que les costaría lágrimas de sangre, pues el enfermizo esposo por miedo a que su hermosa esposa lo engañara, decidió encerrarla por 2 años en su casa alejada del pueblo.

La mujer fue sujeta a los más inhumanos tratos, las ratas le habían mordido el rostro, piernas y demás partes del cuerpo, las marcas habían opacado su belleza, incluso aunque ya pudiera salir, ella por vergüenza prefirió vivir en la oscuridad de las sombras, hasta que un día en la madrugada, la vida la terminaría de destrozar.

La llorona de San Pablo del Monte 3

El esposo estaba golpeando brutalmente el rostro de sus hijos en el campo, porque su belleza les recordaba a la de su mujer, con las pocas fuerzas que le quedaban, la mujer salió a rescatarlos, pero una jauría de perros del hombre, la atacó bajo órdenes de el.

La destazaron de pies a cabeza, pero aún así ella logró llegar hasta donde estaban sus hijos, quienes ya habían fallecido, tomó sus ensangrentados cuerpecitos y moribunda caminó con ellos entre los maizales, para caer muerta abrazándolos.

La llorona de San Pablo del Monte 4

Tanta rabia y dolor hicieron que el espíritu de la mujer despertara después de la muerte, pues la leyenda cuenta que pasadas las 10:30 de la noche, los habitantes de San Pablo del Monte, se encierran en sus casas, pues el lamento de una mujer es tan desgarrador que inunda las calles de terror, a la espectral figura se le puede ver vagando entre los maizales, como si estuviera buscando a sus hijos.

La llorona de San Pablo del Monte 5

A este fantasma se le relaciona con la llorona, pero no por su historia, sino por el mismo grito de dolor de una madre.

Atte: Edy Doo